Crisis de régimen y derecho a decidir
"La solución [a la cuestión territorial española] no puede ser otra que más democracia, incluyendo un referéndum vinculante donde los catalanes podamos decidir nuestro futuro colectivo como nación", aseguran en este artículo Óscar Guardingo, candidato de En Comú Podem al Senado por Barcelona, y Luis Juberías y Marc Llaó (Podem catalunya)
En España estamos viviendo una profunda crisis de régimen político fruto de la erosión que ha sufrido su base social con la gestión de la crisis en beneficio de unos pocos y perjuicio de los más. Una democracia construida sobre la base de la tutela y desconfianza a la ciudadanía, que cerraba la posibilidad de solucionar democráticamente la cuestión nacional en España, tenía que venir a ser cuestionada por unas generaciones que hemos crecido y madurado en democracia.
Y es que la escasa vida democrática que históricamente ha vivido este país hace que los debates y conflictos latentes se cierren en falso, con apaños provisionales y de escasa calidad. Lo que en otros países donde en su día existió un proceso de ruptura democrática con el fascismo, como en Grecia y Portugal, ha constituido una crisis política profunda y un cambio en su sistema de partidos, en España se expresa como una crisis de régimen y el cuestionamiento de su ordenamiento jurídico-político e instituciones básicas.
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La cuestión territorial del estado fue uno de los debates principales durante la Transición, pero como apunta Javier Pérez Royo, el estado de las autonomías, estructura territorial no contemplada en la Constitución de 1978, representaba una propuesta más de llegada que de partida para posteriores lecturas expansivas. Así mismo, aunque las opciones de izquierdas lo contemplaron en sus primeros programas, el resultado de la Transición dejó fuera de la Constitución el derecho de autodeterminación, que hasta la fecha había sido un elemento de consenso entre las fuerzas democráticas.
Ahora tenemos la oportunidad de dar a esta cuestión secular una solución democrática y abierta, propia de una ciudadanía madura para un país de todos y todas que sepa reconocer la riqueza en la diversidad. Esta solución no puede ser otra que más democracia, incluyendo un referéndum vinculante donde los catalanes y catalanas podamos decidir nuestro futuro colectivo como nación.
Desde Catalunya hemos asistido los últimos años a un movimiento recentralizador y castrador de la realidad plurinacional de España en el ámbito educativo, lingüístico y sobre la autonomía financiera. Una lectura regresiva de la Constitución que culmina en 2010 con la suspensión parcial del Estatut d’Autonomia aprobado por el pueblo catalán (vía referéndum, que, no obstante, Artur Mas y Rodríguez Zapatero recortaron), cataliza un movimiento soberanista que termina desbordando los límites del régimen constitucional vigente. En el marco de crisis económica, comienza un ciclo de movilizaciones soberanistas masivas desde la sensación de humillación a un ejercicio democrático. El reclamo del derecho a decidir es masivo en las calles, que a su vez es respaldado por el 80% de los y las catalanas según las encuestas.
Al mismo tiempo, quiebra en Catalunya un singular régimen bipartidista, no basado en la alternancia sino en el reparto de los niveles de la administración. Los dos principales partidos entran en crisis: el PSC, que responde al agotamiento estructural de las terceras vías con un añadido de subalternidad al PSOE; y Convergència i Unió, coalición que ha fundamentado su propuesta política en la gestión de la Comunidad Autónoma de Catalunya, que forma parte del sistema bipartidista en que se viene apoyando el régimen y que entra en fase de descomposición por su apoyo a la gestión de la crisis en favor de los ricos y poderosos.
No obstante, en 2012, Convergència Democràtica de Catalunya consigue situarse en la pugna por expresar políticamente el movimiento soberanista, reinventándose como campeona del derecho a decidir, convocando elecciones autonómicas al calor de la movilización soberanista y, a la postre, obteniendo un resultado más discreto del esperado. Sus responsabilidades en la gestión de la crisis con recortes y privatizaciones en sanidad y educación, en entramados de corrupción estructural, así como en la represión de la movilización social, no podían dejar de pesar electoralmente.
A partir de entonces el movimiento democrático soberanista catalán de amplia base ciudadana muta, pasando a ser un proceso político institucional dirigido por el president Artur Mas. En especial, esta captura se perfecciona a partir de la solución a la frustrada consulta del 9N, prohibida por el estado y el gobierno del PP, celebrada sin censo y por voluntarios y capitalizada políticamente por Artur Mas.
Las elites catalanas reciclan un elemento de la crisis de régimen en una tabla de salvación y un instrumento de división de la mayoría popular, con la figura del presidente Mas encabezando un proceso soberanista que dibuja un modelo de país en forma de utopía homérica que, de forma interesada, a duras penas logra esbozar. No es otra que la continuación de la tradición del pujolismo, que incorpora un fino sentido de conquista de la hegemonía a partir del liderazgo y la construcción de un sentido de país, reciclando y haciendo meramente estéticos elementos de la conciencia y práctica rupturista. Se transforma el movimiento por el derecho a decidir en un movimiento independentista, de la que una parte importante de las clases populares catalanas se sienten desinteresadas, cuando no excluidas. La ruptura democrática se confunde e identifica interesada y equívocamente con la ruptura con España, convirtiendo lo que es parte de una crisis de régimen político y la exigencia de más democracia en una cuestión entre catalanes y españoles, que a su vez retroalimenta lo más conservador, e incluso reaccionario, de los instintos políticos, fortaleciendo al PP y a Ciudadanos por un lado y la figura presidencial de Mas por el otro.
El último episodio en esta estela son las elecciones autonómicas del 27S, que bajo un guión plebisicitario del Sí versus el No, ha instaurado una situación de bloqueo político en que el pueblo de Catalunya aparece dividido. Además sin las condiciones políticas para un proceso independentista que carece de mandato democrático mayoritario. Un proceso independentista que aparece ya nítidamente como la coartada para investir a Mas presidente y no como un proyecto serio de país.
Es por ello que hace falta una solución superadora que permita construirse desde y para una base social mayoritaria en Catalunya. Esta solución tiene que ser de encuentro y fundamentarse sobre bases democráticas, por tanto, en un referéndum donde poder decidir, que es la base para la construcción, mediante un proceso constituyente, de una propuesta que suscite un amplio apoyo y que no puede ser, hoy por hoy, ni la continuidad del actual régimen autonómico, ni la desvinculación de un proyecto común con España. Tenemos que superar el 48/35 de la división entre un Sí que es ensoñación interesada para mantener a Mas en el poder y un No que es un sí a un statu quo ya superado por los acontecimientos, en el marco de un art. 135 que dinamita, entre otras cosas, la actual estructura territorial al establecerse una lógica de recentralización del estado central fiscalizador del presupuesto a costa de unas autonomías a priori sostén del estado del bienestar.
El panorama político catalán sólo se podrá desbloquear desde presupuestos que sean ampliamente compartidos y mayoritarios. La propuesta de Podemos y de En Comú Podem de celebrar un referéndum en Catalunya es expresión en sí misma de un proyecto democrático, porque supone reconocer en España el derecho de autodeterminación para las naciones, además de un reconocimiento de la soberanía de Catalunya. El referéndum es ya el inicio práctico de un proceso constituyente que debe incluir no solo una solución de encuentro de naciones en España, sino también una serie de puntos elementales para un nuevo pacto de la ciudadanía en el ciclo político que iniciamos en 2016: más democracia, blindar los derechos sociales, cero corrupción y una administración de justicia independiente.
Óscar Guardingo es cabeza de lista al Senado por Barcelona (En Comú Podem). Luis Juberías y Marc Llaó son miembros de Podem Catalunya
Publicado en Catalunya Plural el 17/12/2015 http://www.eldiario.es/catalunya/opinions/Crisis-regimen-derecho-decidir_6_463413691.html
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"La solución [a la cuestión territorial española] no puede ser otra que más democracia, incluyendo un referéndum vinculante donde los catalanes podamos decidir nuestro futuro colectivo como nación", aseguran en este artículo Óscar Guardingo, candidato de En Comú Podem al Senado por Barcelona, y Luis Juberías y Marc Llaó (Podem catalunya)
En España estamos viviendo una profunda crisis de régimen político fruto de la erosión que ha sufrido su base social con la gestión de la crisis en beneficio de unos pocos y perjuicio de los más. Una democracia construida sobre la base de la tutela y desconfianza a la ciudadanía, que cerraba la posibilidad de solucionar democráticamente la cuestión nacional en España, tenía que venir a ser cuestionada por unas generaciones que hemos crecido y madurado en democracia.
Y es que la escasa vida democrática que históricamente ha vivido este país hace que los debates y conflictos latentes se cierren en falso, con apaños provisionales y de escasa calidad. Lo que en otros países donde en su día existió un proceso de ruptura democrática con el fascismo, como en Grecia y Portugal, ha constituido una crisis política profunda y un cambio en su sistema de partidos, en España se expresa como una crisis de régimen y el cuestionamiento de su ordenamiento jurídico-político e instituciones básicas.
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La cuestión territorial del estado fue uno de los debates principales durante la Transición, pero como apunta Javier Pérez Royo, el estado de las autonomías, estructura territorial no contemplada en la Constitución de 1978, representaba una propuesta más de llegada que de partida para posteriores lecturas expansivas. Así mismo, aunque las opciones de izquierdas lo contemplaron en sus primeros programas, el resultado de la Transición dejó fuera de la Constitución el derecho de autodeterminación, que hasta la fecha había sido un elemento de consenso entre las fuerzas democráticas.
Ahora tenemos la oportunidad de dar a esta cuestión secular una solución democrática y abierta, propia de una ciudadanía madura para un país de todos y todas que sepa reconocer la riqueza en la diversidad. Esta solución no puede ser otra que más democracia, incluyendo un referéndum vinculante donde los catalanes y catalanas podamos decidir nuestro futuro colectivo como nación.
Desde Catalunya hemos asistido los últimos años a un movimiento recentralizador y castrador de la realidad plurinacional de España en el ámbito educativo, lingüístico y sobre la autonomía financiera. Una lectura regresiva de la Constitución que culmina en 2010 con la suspensión parcial del Estatut d’Autonomia aprobado por el pueblo catalán (vía referéndum, que, no obstante, Artur Mas y Rodríguez Zapatero recortaron), cataliza un movimiento soberanista que termina desbordando los límites del régimen constitucional vigente. En el marco de crisis económica, comienza un ciclo de movilizaciones soberanistas masivas desde la sensación de humillación a un ejercicio democrático. El reclamo del derecho a decidir es masivo en las calles, que a su vez es respaldado por el 80% de los y las catalanas según las encuestas.
Al mismo tiempo, quiebra en Catalunya un singular régimen bipartidista, no basado en la alternancia sino en el reparto de los niveles de la administración. Los dos principales partidos entran en crisis: el PSC, que responde al agotamiento estructural de las terceras vías con un añadido de subalternidad al PSOE; y Convergència i Unió, coalición que ha fundamentado su propuesta política en la gestión de la Comunidad Autónoma de Catalunya, que forma parte del sistema bipartidista en que se viene apoyando el régimen y que entra en fase de descomposición por su apoyo a la gestión de la crisis en favor de los ricos y poderosos.
No obstante, en 2012, Convergència Democràtica de Catalunya consigue situarse en la pugna por expresar políticamente el movimiento soberanista, reinventándose como campeona del derecho a decidir, convocando elecciones autonómicas al calor de la movilización soberanista y, a la postre, obteniendo un resultado más discreto del esperado. Sus responsabilidades en la gestión de la crisis con recortes y privatizaciones en sanidad y educación, en entramados de corrupción estructural, así como en la represión de la movilización social, no podían dejar de pesar electoralmente.
A partir de entonces el movimiento democrático soberanista catalán de amplia base ciudadana muta, pasando a ser un proceso político institucional dirigido por el president Artur Mas. En especial, esta captura se perfecciona a partir de la solución a la frustrada consulta del 9N, prohibida por el estado y el gobierno del PP, celebrada sin censo y por voluntarios y capitalizada políticamente por Artur Mas.
Las elites catalanas reciclan un elemento de la crisis de régimen en una tabla de salvación y un instrumento de división de la mayoría popular, con la figura del presidente Mas encabezando un proceso soberanista que dibuja un modelo de país en forma de utopía homérica que, de forma interesada, a duras penas logra esbozar. No es otra que la continuación de la tradición del pujolismo, que incorpora un fino sentido de conquista de la hegemonía a partir del liderazgo y la construcción de un sentido de país, reciclando y haciendo meramente estéticos elementos de la conciencia y práctica rupturista. Se transforma el movimiento por el derecho a decidir en un movimiento independentista, de la que una parte importante de las clases populares catalanas se sienten desinteresadas, cuando no excluidas. La ruptura democrática se confunde e identifica interesada y equívocamente con la ruptura con España, convirtiendo lo que es parte de una crisis de régimen político y la exigencia de más democracia en una cuestión entre catalanes y españoles, que a su vez retroalimenta lo más conservador, e incluso reaccionario, de los instintos políticos, fortaleciendo al PP y a Ciudadanos por un lado y la figura presidencial de Mas por el otro.
El último episodio en esta estela son las elecciones autonómicas del 27S, que bajo un guión plebisicitario del Sí versus el No, ha instaurado una situación de bloqueo político en que el pueblo de Catalunya aparece dividido. Además sin las condiciones políticas para un proceso independentista que carece de mandato democrático mayoritario. Un proceso independentista que aparece ya nítidamente como la coartada para investir a Mas presidente y no como un proyecto serio de país.
Es por ello que hace falta una solución superadora que permita construirse desde y para una base social mayoritaria en Catalunya. Esta solución tiene que ser de encuentro y fundamentarse sobre bases democráticas, por tanto, en un referéndum donde poder decidir, que es la base para la construcción, mediante un proceso constituyente, de una propuesta que suscite un amplio apoyo y que no puede ser, hoy por hoy, ni la continuidad del actual régimen autonómico, ni la desvinculación de un proyecto común con España. Tenemos que superar el 48/35 de la división entre un Sí que es ensoñación interesada para mantener a Mas en el poder y un No que es un sí a un statu quo ya superado por los acontecimientos, en el marco de un art. 135 que dinamita, entre otras cosas, la actual estructura territorial al establecerse una lógica de recentralización del estado central fiscalizador del presupuesto a costa de unas autonomías a priori sostén del estado del bienestar.
El panorama político catalán sólo se podrá desbloquear desde presupuestos que sean ampliamente compartidos y mayoritarios. La propuesta de Podemos y de En Comú Podem de celebrar un referéndum en Catalunya es expresión en sí misma de un proyecto democrático, porque supone reconocer en España el derecho de autodeterminación para las naciones, además de un reconocimiento de la soberanía de Catalunya. El referéndum es ya el inicio práctico de un proceso constituyente que debe incluir no solo una solución de encuentro de naciones en España, sino también una serie de puntos elementales para un nuevo pacto de la ciudadanía en el ciclo político que iniciamos en 2016: más democracia, blindar los derechos sociales, cero corrupción y una administración de justicia independiente.
Óscar Guardingo es cabeza de lista al Senado por Barcelona (En Comú Podem). Luis Juberías y Marc Llaó son miembros de Podem Catalunya
Publicado en Catalunya Plural el 17/12/2015 http://www.eldiario.es/catalunya/opinions/Crisis-regimen-derecho-decidir_6_463413691.html
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Crisi de règim i dret a decidir
"La solució [a la qüestió territorial espanyola] no pot ser una altra que més democràcia, inclòs un referèndum vinculant on els catalans puguem decidir el nostre futur col\·lectiu com a nació", asseguren en aquest article Óscar Guardingo, candidat d'En Comú Podem al Senat per Barcelona, i Luis Juberías i Marc Llaó (Podem Catalunya)
A Espanya estem vivint una profunda crisi de règim polític fruit de l'erosió que ha patit la seva base social amb la gestió de la crisi en benefici d'uns pocs i perjudici de la majoria. Una democràcia construïda sobre la base de la tutela i desconfiança a la ciutadania, que ha tancat la possibilitat de solucionar democràticament la qüestió nacional a Espanya, havia de ser qüestionada per unes generacions que hem crescut i madurat en democràcia.
I és que l'escassa vida democràtica que històricament ha viscut aquest país fa que els debats i conflictes latents es tanquin en fals, amb arranjaments provisionals i d'escassa qualitat. El que en altres països on en el seu dia va existir un procés de ruptura democràtica amb el feixisme, com a Grècia i Portugal, ha constituït una crisi política profunda i un canvi en el seu sistema de partits, a Espanya s'expressa com una crisi de règim i el qüestionament del seu ordenament juridicopolític i institucions bàsiques.
La qüestió territorial de l'estat va ser un dels debats principals durant la Transició, però com apunta Javier Pérez Royo, l'estat de les autonomies, estructura territorial no prevista en la Constitució de 1978, representava una proposta més d'arribada que de partida per a posteriors lectures expansives. Així mateix, encara que les opcions d'esquerres ho van contemplar en els seus primers programes, el resultat de la Transició va deixar fora de la Constitució el dret d'autodeterminació, que fins a la data havia estat un element de consens entre les forces democràtiques.
Ara tenim l'oportunitat de donar a aquesta qüestió secular una solució democràtica i oberta, pròpia d'una ciutadania madura per a un país de tots i totes que sàpiga reconèixer la riquesa en la diversitat. Aquesta solució no pot ser una altra que més democràcia, inclòs un referèndum vinculant on els catalans i catalanes puguem decidir el nostre futur col·lectiu com a nació.
Des de Catalunya hem assistit els últims anys a un moviment recentralitzador i castrador de la realitat plurinacional d'Espanya en l'àmbit educatiu, lingüístic i sobre l'autonomia financera. Una lectura regressiva de la Constitució que culmina el 2010 amb la suspensió parcial de l'Estatut d'Autonomia aprovat pel poble català (via referèndum, que, no obstant, Artur Mas i Rodríguez Zapatero van retallar), catalitza un moviment sobiranista que acaba desbordant els límits del règim constitucional vigent. En el marc de crisi econòmica, comença un cicle de mobilitzacions sobiranistes massives des de la sensació d'humiliació a un exercici democràtic. El reclam del dret a decidir és massiu als carrers, que al seu torn és recolzat pel 80% dels i les catalanes segons les enquestes.
Alhora, fa fallida a Catalunya un singular règim bipartidista, no basat en l'alternança sinó en el repartiment dels nivells de l'administració. Els dos principals partits entren en crisi: el PSC, que respon a l'esgotament estructural de les terceres vies amb un afegit de subalternitat al PSOE; i Convergència i Unió, coalició que ha fonamentat la seva proposta política en la gestió de la Comunitat Autònoma de Catalunya, que forma part del sistema bipartidista en què es recolza el règim i que entra en fase de descomposició pel seu suport a la gestió de la crisi en favor dels rics i poderosos.
No obstant això, el 2012, Convergència Democràtica de Catalunya aconsegueix situar-se en la pugna per expressar políticament el moviment sobiranista, reinventant-se com a campiona del dret a decidir, convocant eleccions autonòmiques al calor de la mobilització sobiranista i, fet i fet, obtenint un resultat més discret de l'esperat. Les seves responsabilitats en la gestió de la crisi amb retallades i privatitzacions en sanitat i educació, en entramats de corrupció estructural, així com en la repressió de la mobilització social, no podien deixar de pesar electoralment.
A partir de llavors el moviment democràtic sobiranista català d'àmplia base ciutadana muta, passant a ser un procés polític institucional dirigit pel president Artur Mas. Especialment, aquesta captura es perfecciona a partir de la solució a la frustrada consulta del 9N, prohibida per l'Estat i el govern del PP, celebrada sense cens i per voluntaris i capitalitzada políticament per Artur Mas.
Les elits catalanes reciclen un element de la crisi del règim en una taula de salvació i un instrument de divisió de la majoria popular, amb la figura del president Mas encapçalant un procés sobiranista que dibuixa un model de país en forma d'utopia homèrica que, de forma interessada, amb prou feines aconsegueix esbossar. No és altra que la continuació de la tradició del pujolisme, que incorpora un fi sentit de conquesta de l'hegemonia a partir del lideratge i la construcció d'un sentit de país, reciclant i fent merament estètics elements de la consciència i pràctica rupturista. Es transforma el moviment pel dret a decidir en un moviment independentista, de la qual una part important de les classes populars catalanes se senten desinteressades, quan no excloses. La ruptura democràtica es confon i identifica interessada i equívocament amb la ruptura amb Espanya, convertint-Se el que era part d'una crisi de règim polític i l'exigència de més democràcia en una qüestió entre catalans i espanyols, que al seu torn retroalimenta el més conservador, i fins i tot reaccionari, dels instints polítics, enfortint el PP i Ciutadans per una banda i la figura presidencial de Mas per l'altra.
L'últim episodi en aquesta seqüència són les eleccions autonòmiques del 27S, que sota un guió plebiscitari del Sí versus el No, ha instaurat una situació de bloqueig polític en què el poble de Catalunya apareix dividit. A més, sense les condicions polítiques per a un procés independentista que no té mandat democràtic majoritari. Un procés independentista que apareix ja nítidament com la coartada per investir Mas president i no com un projecte seriós de país.
És per això que cal una solució superadora que permeti construir des de i per a una base social majoritària a Catalunya. Aquesta solució ha de ser de trobada i fonamentada sobre bases democràtiques, per tant, en un referèndum on poder decidir, que és la base per a la construcció, mitjançant un procés constituent, d'una proposta que susciti un ampli suport i que no pot ser, ara per ara, ni la continuïtat de l'actual règim autonòmic, ni la desvinculació d'un projecte comú amb Espanya. Hem de superar el 48/35 de la divisió entre un Sí que és somni interessat per mantenir Mas al poder i un No que és un sí a un statu quo ja superat pels esdeveniments, en el marc d'un article 135 que dinamita, entre altres coses, l'actual estructura territorial en establir una lògica de recentralització de l'estat central fiscalitzador del pressupost a costa d'unes autonomies que són a priori les que sostenen l'estat del benestar.
El panorama polític català només es podrà desbloquejar des de pressupostos que siguin àmpliament compartits i majoritaris. La proposta de Podem i d'En Comú Podem de celebrar un referèndum a Catalunya és expressió en si mateixa d'un projecte democràtic, perquè suposa reconèixer a Espanya el dret d'autodeterminació per a les nacions, a més d'un reconeixement de la sobirania de Catalunya. El referèndum és ja l'inici pràctic d'un procés constituent que ha d'incloure no només una solució de trobada de nacions a Espanya, sinó també una sèrie de punts elementals per a un nou pacte de la ciutadania en el cicle polític que vam iniciar el 2016: més democràcia, blindar els drets socials, zero corrupció i una administració de justícia independent.
Óscar Guardingo és cap de llista al Senat per Barcelona (A Comú Podem). Luis Juberías i Marc Llaó són membres de Podem Catalunya
Publicat a Catalunya Plural el 17/12/2015 http://www.eldiario.es/catalunyaplural/opinions/Crisi-regim-dret-decidir_6_463413693.html
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