1- La crisis de régimen es fruto de
la gestión neoliberal, austericida y prooligárquica de la crisis. Se convierte
en un sentido común la noción de democracia y derechos humanos, ligados a
condiciones materiales de vida, unas ideas que se popularizan y sustentan sobre
la base de un movimiento ciudadano que empieza en septiembre de 2010 y
eclosiona el 15M de 2011. La crisis de régimen
conlleva la apertura del debate nacional y tambiénla crisis del sistema de partidos –y
de la izquierda. En especial el PSOE, pero también IU. Los partidos dejan de
ser orgánicos de sus bases sociales. Como dice Gramsci:
“Los partidos nacen y
se constituyen en organización para dirigir la situación en momentos
histórica-mente vitales para su clase; pero no siempre saben adaptarse a las
nuevas tareas y a las nuevas épocas, no siempre saben desarrollarse según se
van desarrollando las relaciones totales de fuerza (y por lo tanto la posición
relativa de sus clases) en el país determinado o en el campo internacional...
La burocracia es la fuerza consuetudinaria y conservadora más peligrosa; si
ésta acaba por constituir un grupo solidario, que se apoya en sí mismo y se
siente independiente de la masa, el partido acaba por volverse anacrónico, y en
los momentos de crisis aguda queda vacío de su contenido social y queda como
apoyado en el aire”
2-
La expresión política del
movimiento en cada cita electoral ha ido variando y ampliando su alcance: las
principales expresiones en elecciones de 2012 la CUP – otros intentos fueron
prematuros o no cuajaron- (y en las gallegas ANOVA y Alternativa Galega d’Esquerdas,
en las europeas de 2014 (ante el
cierre de IU), PODEMOS, en las elecciones
municipales candidaturas amplias como Ahora Madrid y Barcelona en Comú. En
general podemos decir que la fórmula de éxito ha consistido en conectar una
propuesta política con el movimiento y sus instituciones (agitadores y
propagandistas), y al mismo tiempo con sus bases ciudadanas o populares. Y para
que ello han sido necesarios elementos de liderazgo, imagen- lenguaje y de
amplias alianzas que aportan diversidad de recursos y de saberes.
3- PODEMOS es expresión política
del
movimiento y palanca de la recomposición que ha conseguido que otras
fuerzas tengan que adaptarse a las exigencias populares y entiendan por
fin
que esto iba en serio- pero no es orgánico o instrumento de este. Hoy está en disputa si se consolida un espacio
político que sustituya gran parte del espacio de IU, articulándose con las
izquierdas periféricas (ICV, Compromís...), ocupando gran parte de la del
partido socialista, o si realmente se construye una amplia alianza por el
cambio para ser determinante en la salida de la crisis de régimen en un sentido
de ruptura democrática protagonizado por las clases populares.
El reflujo de la movilización y la actividad
política de masas hace que los aparatos (y aparatitos), o los tribunos hagan y
dehagan a su merced en este escenario de recomposición, alejándose del carácter
y sentir popular y ciudadano. Además la
debilidad del movimiento obrero – sometido a un cambio de modelo productivo y en las
relaciones laborales, así como una fragmentación (también generacional) de la
clase que no ha sabido superar- y la deriva de los aparatos de las
grandes organizaciones sindicales, ha hecho que la clase trabajadora no opere
como un sujeto político significativo en el actual contexto. Sólo
como parte y maduración del proceso popular y ciudadano en marcha, podrá la
clases trabajadora volver a articularse políticamente y reforzarse sobre nuevas
bases. Y para hacerlo necesitará instrumentos de clase propios que le permitan
intervenir como tal.
4- En ese sentido, en Catalunya nos encontramos en un proceso de
recomposición de las fuerzas populares. Este pasa por la construcción
de un movimiento sociopolítico que conecte y que recoja la gramática
del movimiento popular que articula el sentir y razonar de la mayoría
ciudadana. Sólo en función de ese objetivo principal es útil la unidad y la
concurrencia de diversas experiencias y organizaciones políticas y sociales con
su diversidad y complementariedad de aportaciones.
La alternativa, un mero acuerdo de aparatos en
crisis con liderazgos de la clase media intelectual, reproducirá a la postre
una refundación del proyecto histórico que representó en la última etapa ICV,
volviendo a negar el protagonismo (y entusiasmo) de los sectores más populares y vinculados a la clase
trabajadora. Es algo que ya conocemos bien. Como bien conocemos que como se
decanten las cosas en Catalunya influirá de manera decisiva a la resolución de las
cuestiones planteadas a nivel de todo el estado.
Barcelona, 5-6-2015