El
25-S, mientras el Congreso era cercado, el Parlamento de Catalunya
decidía la necesidad de celebrar una consulta sobre la futura relación
de Catalunya con el Reino de España. El gobierno, más aún, el régimen,
aparecían como cercados por todos los frentes simultáneamente. Era la
visibilización más nítida de que el régimen constitucional vigente hace
aguas por todos lados y se abre un periodo constituyente.
El
impacto de la crisis y su gestión por la oligarquía financiera que
pretende una desposesión de los de abajo ha dado al traste con los
consensos de base y los mecanismos políticos e institucionales que
sostienen e régimen político esablecido en 1978 en la Transición. La
figura del Rey se deteriora y se hace salir a la palestra, el
bipartidismo se derrumba, la confianza en las instituciones y "la
política" como actividad que se desarrolla en ese marco se evapora. En
el Reino de España, la apertura de un momento constituyente, de
redefinición de forma y contenido del estado, supone l también la apertura del
debate sobre la articulación de su realidad plurinacional.
El 25-S y la democracia emergente
El
25-S, con el cerco al Congreso de los Diputados, supone un acto
político de primer orden, capaz de poner en jaque a un gobierno y dar
potencia política a una nueva cultura democrática que se ha generado en
el proceso de movilización contra la desposesión que se desarrolla en el
Reino de España desde 2011. No en vano fue capaz de suscitar la
simpatía del 77% de los ciudadanos del estado.
La
torpe actuación del gobierno, identificando la protesta con un golpe de
estado y aplicando una represión muy desproporcionada, no hizo sino dar
alas a la protesta, erosionar la imagen de un gobierno y un estado
impotentes e incapaces.
Proceso
constituyente, es decir, decidir los cambios en la organización de la
vida política, social y económica de una manera abierta y democrática,
es una perspectiva política de una gran potencia política: la
perspectiva para el 99% de poder decidir sobre el modelaje de sus
propias vidas.
Sólo
hay que mirar a la experiencia de los movimientos populares contra los
planes de ajuste neoliberales (cuya cohartada no era otra que pagar la
deuda pública), que dieron paso a procesos constituyentes en América
Latina, para entender el sentido profundamente democrático de la
denostación de la política del régimen de la transición y de la llamada a
un proceso constituyente.
Poder
decidir es el proyecto del movimiento democrático, costitucionalizar y
garantizar el derecho a la existencia del 99% de la población frente a
los bancos y los acreedores de la deuda es su programa: el derecho a
la vivienda, el derecho a la educación, a la salud, la distribución de
la riqueza, a tener un sistema político más transparente y abierto a
la participación directa de las personas. Frente al programa del
régimen: el rescate a los bancos, el programa del movimiento
democrático; plan de rescate ciudadano.
La Catalunya del 99%
Con
la masiva manifestación del 11-S, donde las banderas y consignas
independentistas eran ampliamente mayoritarias, se expresó en Catalunya
un hartazgo ( recordemos la respuesta ante la sentencia del Tribunal
Constitucional en 2010 contra un Estatuto aprobado en referéndum) y una
voluntad de decidir sobre su futuro. Además se reveló impotente el
proyecto nacionalista español que deviene una imposibilidad ante el
salto en la afirmación del pueblo catalán.
Por
otro lado fue una oportunidad para el bloque hegemónico de
estabilizarse, cohesionarse, cerrar las grietas (bien sea temporalmente)
que el programa de recortes y políticas agresivamente neoliberales
habían ocasionado, y recuperar la iniciativa presentando un proyecto
ilusionante: el horizonte del estado catalán independiente, que habría
de ser tan próspero como Dinamarca. Ante esta iniciativa, la respuesta
ha sido subordinación, desorientación o rechazo: la movilización social
ha sido puesta en un segundo plano y ha entrado en un proceso de
descomposición (temporal).
Para
recomponer un bloque alternativo, pora poder volver a unir al 99% es
imprescindible disputar el liderazgo del proceso soberanista que el
pueblo catalán ha puesto en marcha. Porque la cuestión fundamental es la
independencia frente a la oligarquía financiera y la Troika, la
independencia para poner el derecho de existencia por delante de
cualquier otra consideración, Y la cuestión es que la revuelta de los
pueblos por esa independencia ha de empezar por algún lado: por qué no
aquí y por qué no ahora.
¿Es
posible que el proyecto de una República Catalana del 99% sea capaz
servir como idea aglutinadora (para dar cabida a la diversidad de esta
Catalunya, para plantear que un pueblo se construye también desde la
sociedad civil y no sólo con estructuras estatales, para luchar con
radicalidad democrática por el ejercicio de la autodeterminacion) que
sirva para la recomposición del movimiento democrático y plantear una
alternativa al proyecto del bloque hegemónico?
Mal
harían los demócratas españoles en contemplar la posibilidad de aceptar
que el proceso constituyente en Catalunya puede pasar por el liderazgo
del proyecto de la derecha nacionalista. Recordemos que la
instrumentalizacion conservadora del hecho nacional catalán puede
servir como elemento moderador que frustre una vez más la posibilidad de
una ruptura democrática que de al traste con el proyecto oligárquico
que es el Reino de España. La única alternativa radicalmente democrática
pasa por el derecho de autodeterminación del pueblo de Catalunya - de
todas sus subordinaciones impuestas: a la Troika, al Reino de España y a
Washington (OTAN), y su derecho a decidir la relación con los otros
pueblos.
14 de noviembre y ruptura democrática. Huelga del 99% para abrir las puertas al futuro
La
profunda crisis del régimen del Reino de España es parte de la crisis
de una institucionalidad europea al servicio de la oligarquía financiera
(no olvidemos que las instituciones europeas se asientan en los
estados, siendo el Consejo Europeo el verdadero legislador europeo). La
profundidad y dimensión cuantitativa de la crisis económica en el
estado español, expresión de las contradicciones de la construcción
europea, hacen que pueda ser el eslabón débil, si es verdad, como
creemos, que no es posible dar una salida de la crisis sin un cambio
radical en Europa.
El 25S fue también un evento simultáneo en diversos países. La próxima oportunidad para golpear juntos la vamos a tener el 14 de noviembre en una Huelga General de dimensión europea, en especial para
los países del sur de Europa. Más allá del planteamiento y objetivos de
sus convocantes, es sin duda, un momento para sacar a la palestra la
necesidad de ruptura democrática, de un proceso constituyente que de por
acabado el régimen de la transición y que abra las puertas a una
constitución alternativa de Europa para las personas y no para los
bancos.
Es
necesario para ello dar contenido a esta huelga, que no sólo debe ser
del 99%, sino con el objetivo de actualizar la potencia de la voluntad
constituyente catalizada el 25S, abocando al gobierno a la dimisión
inmediata y abriendo un proceso constituyente protagonizado por el 99%.
Debemos aprovechar para ejercer la desobediencia civil masiva, para
abrir espacios desobedientes, que anticipan la nueva democracia real, que necesariamente debe tener una dimensión europea.
Luis Juberías Gutiérrez , activista del colectivo Inflexió
Comunicación al European Meeting on Debt, Rights and Democracy. Madrid, 1-4 November 2012