Laura Arroyo, Luis Juberías, Beto Vázquez y Pedro Antonio Honrubia Hurtado
Madrid. Semana II D.G.C. (Después de la gran coalición). Las
tropas del régimen, al unísono, desatan una durísima ofensiva contra el
Secretario General de PODEMOS y actual líder de la oposición Pablo Iglesias. La
excusa: una protesta de estudiantes en contra de Felipe González y Cebrián en
la Universidad Autónoma de Madrid y un “motín” en el CIE de Aluche en defensa
de los Derechos Humanos de unos…digamos, molestos migrantes (que nada menos han
osado luchar por su libertad). El objetivo real: dejar claro a Pablo Iglesias y
a Podemos que no tendrán paz un solo día hasta que sean derrotados y su
“partido” reducido a cenizas y/o asimilado por el “nuevo orden”, así como que
todos los batallones del régimen -mediáticos, políticos, jurídicos y policiales
- , se encuentran movilizados para darle caza a su cabeza.
La situación, por supuesto, dista mucho de ser una situación
de “empate catastrófico”. Rendido y entregado el PSOE a los intereses del PP,
de Felipe González, del IBEX 35 y de Cebrián, con un “hombre
de régimen” asturiano provisionalmente
a la cabeza de la organización y una “Comandante/Baronesa” andaluza en
la sombra de las operaciones (presta y dispuesta para asumir próximamente su
papel como “alternativa” a Rajoy en el nuevo marco del “turnismo por
abstención” que el régimen trata de consensuar, por vía de los hechos
consumados, como nueva fórmula política para garantizar que nada cambie), ha
llegado el momento de aniquilar cualquier posibilidad de alternativa. La
situación de “guerra asimétrica”, en la que desde siempre estuvo inmerso
PODEMOS frente a los partidarios y representantes del régimen, pasa a una nueva
etapa en la que la guerra “preventiva” de ayer (válida mientras duró el ciclo
electoral) deja abierto el camino a la “guerra total” de la actualidad.
Lo de esta semana ha sido solo un primer aviso: desde el
momento en que se consume el “abstencionazo” y el PSOE quede a los pies de los
caballos frente a Unidos Podemos, todas las divisiones del régimen tienen orden
de atacar, desde todos los flancos posibles y con todo el tipo de armamento y
todo el arsenal necesario, contra Pablo Iglesias y los suyos. No habrá un solo
día de tregua contra quien ose oponerse a los planes “restauradores” que con
tanto esmero se vienen diseñando desde el “alto mando” mediático-económico del
régimen.
Ellos tienen tres partidos políticos que en total suman más
de 15 millones de votos, el global de las cadenas de televisión de ámbito
estatal y el 85% de las autonómicas, las cuatro principales cabeceras de la
prensa escrita y el 90% de los diarios más leídos en internet a su disposición.
Además de, huelga decirlo, dinero, mucho dinero; cantidad inversamente
proporcional a sus escrúpulos. El más poderoso de los ejércitos en la
actualidad. Respaldados, para más inri, por un gobierno que pondrá, como ha
venido haciendo durante estos últimos dos años, todos los recursos policiales y
de inteligencia que sean necesarios para derrotar al enemigo y lograr, al fin,
que las aguas del régimen vuelvan a su cauce. ¿Y qué tiene Unidos Podemos para
defenderse? 67 diputados, 5 millones de votantes y poco más. Poca cosa, de
momento, frente a todas las armas y recursos del “oponente”. De “empate” nada.
Y sin embargo, pese a todo, es el régimen quien se repliega
y se bunkeriza. Paradojas de la vida. Es tal su nivel de
descrédito que la única forma posible que tiene de iniciar una “guerra total”
contra sus adversarios es replegándose hacia los espacios institucionales que,
tras el acuerdo PP-PSOE-Cs, pueden asegurarse controlar a su antojo: el
gobierno y el parlamento. Dos espacios desde donde se puede controlar de arriba
a abajo la política institucional y que marcarán el rumbo ejecutivo y
legislativo del estado en los próximos años. Pero que, al fin y al cabo, no
dejan de ser dos espacios “cerrados” desde los cuales buscar “protección”
frente al intento de impugnación y de “cambio” protagonizado por los “partidos
del cambio” con representación institucional y las organizaciones de la
sociedad civil que llevan años luchando contra las injusticias en forma de
leyes y decretos leyes que emanan de ambos espacios.
El régimen se bunkeriza así en ambas instituciones pero,
sobre todo, de forma colateral y necesariamente subordinada, se parapeta en
ellas a través de la protección que le deben ofrecer los medios de comunicación
a su servicio. Eso es lo que hemos visto esta semana, en definitiva, también:
un primer episodio de esa lucha entre un régimen bunkerizado en las instituciones (parapetado a través de
sus medios) y una “alternativa popular”, inspirada en el movimiento de
impugnación popular que supuso el 15M, que debe saber conjugar con acierto su
presencia en las instituciones y un trabajo de “hormiguita” en las “calles” que
pueda servir para ir impulsando la construcción de “movimiento” y “resistencia” popular” junto a organizaciones
de la sociedad civil. Frente a su “Gran coalición” nuestra “Gran oposición”;
frente a su “Gran restauración” nuestra “Gran alternativa”.
No nos queda otro remedio si queremos poder combatir con
toda nuestra fuerza y aprovechando al máximo nuestros “recursos” en esta
“guerra asimétrica”, en su fase de “guerra total”, que el régimen ha desatado
contra lo que representa esta necesaria alternativa popular llamada Unidos
Podemos y sus confluencias. La batalla por las “calles” y por la “construcción”
de un “movimiento popular” es lo único que nos puede impulsar frente a la
bunkerización del régimen en sus instituciones y frente al parapeto del mismo
tras sus grandes medios de comunicación. No solo es una batalla de tipo
“organizativo” es también una batalla por el relato. Frente a los ataques que
nos van a dirigir desde sus medios, frente a la construcción ad hoc de un
relato para justificar el “abstencionazo” del PSOE y todas las tropelías contra
el pueblo que emanarán de él, solo con el impulso masivo de una “Gran
Oposición”, con un pie en el parlamento y otro en las “calles”, tendremos
alguna capacidad de competir con verdaderas aspiraciones de ganar. Que frente al discurso que impondrán desde
arriba haya respuesta directa, por vía de los hechos, de lo que representa la
alternativa de los de abajo. Sin ese “contra-discurso”, impulsado por la lucha
como una “lucha contra el CIE, cien luchas contra el CIE, mil luchas contra el
CIE”, no nos será posible hacer frente a la “guerra total” que el régimen ha
desatado contra nosotros y nosotras.
En el 15-M fue la propia gente la que se echó a las calles y
a las plazas a decir “aquí estamos: nosotros somos la oposición, nosotros somos
la alternativa”. Una gente que salió por sí sola a las calles a responder cara
a cara a los ataques que venían recibiendo por parte del gobierno del PSOE de
aquel momento y que culminaron, con el apoyo necesario del PP, en la
“constitucionalización” del austericidio vía reforma del artículo 135. Fue la
propia gente la que, frente a ello y a la situación socio-económica que la
crisis estaba generando, salió a las calles por sus propias convicciones, tocó
arrebato y se convirtió en alternativa a lo “viejo”, abriendo una crisis de
régimen, todavía no cerrada y que venimos a definir como una “ventana de
oportunidad”, que ya no solo era “teórica” y “estructural”, sino que tenía su
manifestación visible en las calles y que daba luz a una alternativa de ruptura
e impugnación de lo “dado”. Ese debe ser el espíritu que debemos conservar
ahora, con el añadido de que, además, existen más de 70 parlamentarios
dispuestos a acompañar ese proceso y darle voz desde el Congreso.
Lo que estamos viviendo ahora no es más que la continuidad
de aquel acuerdo del 135 entre PSOE y PP para seguir profundizando en la vía de
la austeridad y llevar a cabo, sin oponentes capaces de frenarlo vía
parlamento, las reformas exigidas desde Bruselas. El “Abstencionazo” de hoy no
más que un “Pacto del 135” segunda parte, y, por tanto, la respuesta de hoy no
puede ser sustancialmente diferente a la respuesta de entonces. De aquella
respuesta nació PODEMOS y de esta debe nacer un PODEMOS capaz de ser gobierno.
Consumado el “abstencionazo” empieza, pues, la batalla decisiva: la batalla por la supervivencia de la esperanza de un “cambio” frente al intento de restauración que el acuerdo PSOE-PP-Cs acaba de imponer encima de la mesa como línea política de régimen para los próximos años. Si conseguimos resistir en el Parlamento y en las calles y vencer así la batalla por el relato tanto desde un espacio como del otro, “hay partido”. Si, por el contrario, es la bunkerización del régimen la que logra imponer su maquinaria gubernamental, legislativa y mediática, sin verdadera oposición más allá de la aprobación de algunas PNL sin recorrido, y son los grandes medios los que imponen su propio relato de lo que “está pasando” a las mayorías sociales, estamos muertos.
Consumado el “abstencionazo” empieza, pues, la batalla decisiva: la batalla por la supervivencia de la esperanza de un “cambio” frente al intento de restauración que el acuerdo PSOE-PP-Cs acaba de imponer encima de la mesa como línea política de régimen para los próximos años. Si conseguimos resistir en el Parlamento y en las calles y vencer así la batalla por el relato tanto desde un espacio como del otro, “hay partido”. Si, por el contrario, es la bunkerización del régimen la que logra imponer su maquinaria gubernamental, legislativa y mediática, sin verdadera oposición más allá de la aprobación de algunas PNL sin recorrido, y son los grandes medios los que imponen su propio relato de lo que “está pasando” a las mayorías sociales, estamos muertos.
Publicado el 22/10/2016 en Kaos en la red: http://kaosenlared.net/no-habra-paz-para-los-enemigos-del-regimen-o-del-porque-volver-a-las-calles-es-una-necesidad/ y en Público: http://blogs.publico.es/al-piano/2016/10/23/no-habra-paz-para-los-enemigos-del-regimen/