14.4.14

Cataluña, ¿eslabón débil del régimen?


El  empuje del movimiento por el derecho a decidir de Cataluña, que no es  otra cosa que el derecho a la autodeterminación de las naciones, ha  provocado mucha desorientación y reacciones muy diversas en las  izquierdas españolas, pero también en las catalanas. Tratemos de sacar  el agua clara de lo que mucha buena gente vive como un embrollo que  aparentemente no va con ella.

Comencemos  recordando que desde 2010 y la Sentencia del Tribunal Constitucional  sobre el Estatut, no ha parado de ampliarse un movimiento soberanista de  carácter masivo, organizado territorialmente, y que tuvo en la  manifestación de  11S de 2012 y la Vía Catalana del 11S de 2013,  organizadaspor la Assemblea Nacional Catalana (ANC) sus expresiones más  multitudinarias. El gobierno de Catalunya, en manos del nacionalismo  conservador de CiU, con el apoyo de una amplia mayoría del Parlament  (CiU, ERC, ICV-EUiA y CUP), ha recogido el guante de este movimiento  planteando una consulta para el 9 de noviembre de 2014. La pregunta,  caso de llegar a realizarse, sería doble: si se está de acuerdo en que  Catalunya sea un estado y, en su caso, si se está de acuerdo en que sea  independiente. Una aplastante mayoría de la población y la sociedad  civil de Catalunya está a favor de la consulta, una amplia mayoría de la  población catalana votaría sí a la primera pregunta y ya es mayoría la  que también votaría sí a la segunda.

El  estado español, con el acuerdo de los dos grandes partidos dinásticos  PP y PSOE, se ha cerrado a la celebración de la consulta y a hacer  posible un diálogo sobre el futuro político de Catalunya desde el  acuerdo. Han anunciado que, y están dispuestos a ello, prohibirán la  celebración de la consulta. Es, por tanto, poco probable que la consulta  se llegue a realizar. En la hoja de ruta del President Mas está  celebrar unas elecciones autonómicas en lugar de la consulta si esta es,  como todo indica que ocurrirá, impedida. Esto le permitiría  intentar  sacar provecho, aunque ERC apunta como la próxima opción mayoritaria en  el escenario electoral.

Hay dos aproximaciones que enturbian la cuestión y sitúan mal el debate.
 1-  La aproximación identitaria y la aproximación antinacionalista. Según  esta aproximación desde lo sentimental lo que estaría en juego serían  los lazos afectivos de millones de personas con orígenes, familias y  amigos en el resto del estado. Ante la perspectiva de una votación sobre  una ruptura con todo eso, que es parte de ellas mismas, muchas personas  reaccionan de una manera obcecada y a la defensiva. El posicionamiento  respecto a las preguntas de la consulta se convierte en el centro del  debate. El rechazo al nacionalismo (tanto español como catalán, que se  retroalimentarían) y como hace de la cuestión nacional una cortina de  humo para desviar la atención de la corrupción, las políticas de  austeridad, la  destrucción de las políticas de bienestar y las  políticas represivas y de recorte de derechos y libertades.
 
 Esta   aproximación contiene dos  elementos a tener en cuenta: a) es cierto   que el movimiento se ha   intentado usar como cortina de humo desde el   gobierno de la  Generalitat,  aunque lo cierto es que esta estrategia   sólo tuvo un éxito  muy parcial (1), si se puede llamar éxito a   mantenerse en el gobierno a  costa de sufrir  un importante retroceso   electoral en las elecciones  anticipadas de 25 de noviembre de  2012. A   pesar de la cultura  mediática e institucional dominante, el  derecho  a  decidir va, para la  mayoría de los catalanes, unido al rechazo  a  los  recortes y a una  intuición rupturista. b) cualquier solución a  la   cuestión planteada,  debe tener en cuenta y tratar con delicadeza  la   complejidad identitaria  y los lazos de todo tipo forjados durante   muchos  siglos de dominación,  pero también de lucha, de los pueblos  que  hoy  componen el Reino de  España.
 
 2-  La aproximación axial. Según esta aproximación aplastantemente  dominante en el relato mediático e institucional catalán, habría tres  campos de juego o  ejes autónomos, cada uno con sus alianzas y sus  lógicas. Estos son el eje nacional, el eje democrático y el eje social. El  derecho a decidir (formulado, no lo olvidemos, en la Casa Gran del  Catalanisme, la gran operación de CiU para reconectar socialmente y  construir una propuesta política alternativa al tripartito) articularía  el eje nacional y el democrático. La realización o no de la consulta y  su curso político-institucional (ley de consultas, declaración  unilateral de independencia, elecciones plebiscitarias) aparecen como  preocupaciones centrales.
  
Esta  aproximación acepta el conflicto nacional como asunto autónomo y hace  abstracción del contexto histórico, de la crisis socioeconómica y de la crisis  de régimen político en marcha en el Reino de España y en la UE, fruto de  la gestión de la crisis del capitalismo financiarizado y el fin del pacto de clases  en Europa. Sólo un dato: el mismo día que el Parlament de Catalunya, espoleado por la  manifestación del 11S de 2012, aprovaba una declaración por el derecho a  decidir, en Madrid decenas de miles de personas rodeaban el Congreso en  un acto de impuganación de un régimen político incapaz de hacer frente a  la crisis social y dar soluciones a las demandas democráticas que  emergieron con el movimiento 15M. 

 A  mi entender, ambas son formas de abordar el debate que dejan en manos  de las élites la dirección política e ideológica del "proceso"  soberanista, permitiéndoles usarlo como cortina de humo de su acuerdo  fundamental con la gestión neoliberal de la crisi, las políticas  de  austeridad y empobrecimiento de las mayorías e intentar reconducir como  se pueda una situación potencialmente rupturista. 
 
 La cuestión que  hay sobre la mesa es una crisis de régimen político y si es posible plantear una ruptura democrática  con la Segunda Restauración Borbónica que permita la democratización  del estado, democratización de la economía y autodeterminación para sus  pueblos, así como abrir una perspectiva rupturista a nivel regional en  Europa. La alternativa ante el actual descrédito de las instituciones es  una reforma que permita la continuidad del dominio oligárquico sobre la  vida económica, social, política y cultural, una reforma que permita  consolidar y profundizar los retrocesos que nos han impuesto en esta  gestión neoliberal de la crisis. El sí se puede o el es lo que hay. No  nos dejan otra opción que dar esta batalla. Nada sería más irresponsable  que no darla.
 
El  movimiento democrático de  todo el estado debe entender que la lucha  por el derecho a decidir de   los pueblos de España es la misma lucha  que la lucha por una democracia   política y económica  que arrebate a  la oligarquía su poder, una misma  lucha por la ruptura democrática con  el régimen político de la Segunda  Restauración Borbónica, un régimen  que se sustenta en el no  reconocimiento de la plurinacionaidad y en la  monarquía borbónica. Un  régimen de las oligarquías y subordinado a la  tutela de las potencias europeas.

Es  por todo ello que hay que  profundizar la contradicción y desafío  democrático al régimen que supone el derecho a decicidir del pueblo de  Cataluña. ¿Cómo? Con un acto de desobediencia  civil el 9 de noviembre organizando y celebrando desde las  organizaciones de la sociedad civil, pero también desde instituciones  desobedientes, la consulta en Catalunya. 

Pero   también sería necesario  visualizar la crisis de régimen y la lucha  democrática en el resto de pueblos del estado, para  hacer comprender que no hay un conflicto entre España y Cataluña, sino  entre un régimen político opresivo y agotado, que se ha desecho de sus  aspectos más democráticos y avanzados, y unos pueblos y una  ciudadanía que quiere romper con él y abrir procesos constituyentes para  autodeterminarse, para decidir sobre sus vidas. Así, el 9 de noviembre  debería haber urnas en el resto del estado para una consulta social  sobre la  necesidad o no de abrir procesos constituyentes que den el protagonismo a  la  mayoría (2).

Luis Juberías Gutiérrez
Barcelona, 14 de abril de 2014 


(1)  Tampoco para el nacionalismo español parece que rinda buenos réditos en  esta ocasión el soberanismo catalán. Ante una mayoría tan apabullante  que afirma la soberanía catalana, el discurso unitarista deviene  absolutamente impotente e incapaz de presentar una solución realista.

(2) Tomo prestada esta propuesta de Hugo Martínez Abarca en su inspirado artículo   El 9N no es una amenaza: es una opotunidad. Una propuesta constituyente

3 comentaris:

Unknown ha dit...

Lluís;
em sembla bé el teu plantejament. Discuteixo, però, la posició política davant del 9 de Nov. ¿Fer igualment la consulta? No veig la seva efectivitat. Cert que serà una "desobediència", un trencar amb la legalitat i buscar una legimitat política. Jo difereixo.
La proposta que poso damunt de la taula és la d'obrir formalment un procés per constituir la República Catalana. Per fer-ho, cal convocar eleccions, i fer una candidatura conjunta de totes les forces disposades a constituir-la . Si el resultat és ampliament majoritari, es forma una Generalitat amb totes les forces polítiques i socials, i presidida per una persona de consens per dirigir aquest procés. Tot seguit es constitueix el Parlament que tindrà la funció de fer una constitució republicana i demanar, com a tal, l'adhesió a l'estat espanyol. Si no s' ens reconeix ni s' accepta la nostra integració diferenciada, no ens queda més remei que fer el camí sols.
Crec que un pocés constiturient accelerà la desintegració de la II Restauració, tal com plantejes. Una consulta, quan l'estat espanyol, no reconeix el resultat ni accepta que es faci, no té sentit. Es converteix amb una desobediència formal. SI no reconeixen aquesta formalitat democràtica, i amparant-nos en un dret reconegut per la legislació vigent, es convoquen unes eleccions per formalitzar una nova relació amb l'estat espanyol.

@seguintfilroig ha dit...

Reinald, el problema és que cal disputar la direcció política del procès o no n'hi haurà. CiU vol allargar els temps i esgotar la legislatura, surfejar i reconduir. ERC també vol allargar els temps. No t'enganyis. Pel 9N no convocararan res.

El procès sobiranista posa sobre la taula la qüestió de la ruptura, però no es produïrà mecànicament. Cal precipitar-ho i dotar-lo d'una direcció conseqüent i d'aliances amb altres pobles. Això només és possible insistint en el 9N i precipiant que l'ANC s'hi sumi i CiU i ERC s'hi vegin abocades o tinguin dificultats. Això no és fàcil, però perquè les esquerres no veuen clar i els grans sindicats no s'hi posen.

La batalla no és legal, és política. I és una batalla en tots els fronts.

Lo altre és confondre desitjos amb realitats i deixar-li el lideratge al Mas, perquè recondueixi en la mesura del possible. Renunciar a una perspectiva rupturista.

@seguintfilroig ha dit...

Reinald, el problema és que cal disputar la direcció política del procès o no n'hi haurà. CiU vol allargar els temps i esgotar la legislatura, surfejar i reconduir. ERC també vol allargar els temps. No t'enganyis. Pel 9N no convocararan res.

El procès sobiranista posa sobre la taula la qüestió de la ruptura, però no es produïrà mecànicament. Cal precipitar-ho i dotar-lo d'una direcció conseqüent i d'aliances amb altres pobles. Això només és possible insistint en el 9N i precipiant que l'ANC s'hi sumi i CiU i ERC s'hi vegin abocades o tinguin dificultats. Això no és fàcil, però perquè les esquerres no veuen clar i els grans sindicats no s'hi posen.

La batalla no és legal, és política. I és una batalla en tots els fronts.

Lo altre és confondre desitjos amb realitats i deixar-li el lideratge al Mas, perquè recondueixi en la mesura del possible. Renunciar a una perspectiva rupturista.