La
erosión en la legitimidad del sistema político vigente en el Reino de
España, convertido en instrumento de gestión del pago de la deuda y gestor de
las políticas neoliberales de ajuste
estructural, dio durante los últimos meses un salto cualitativo.
El
25S y 11-S abrieron un escenario de desestabilización del régimen, que es
también la culminación política de dos años de movilización contra las
políticas de ajuste que priorizan el rescate a los bancos y el pago de la deuda
a los derechos y conquistas sociales, pilares del régimen constitucional de 1978.
La Huelga General del 14N muestra los límites actuales de la
contestación social, incapaz en esta ocasión de articular las fuerzas para ir
más allá de una impugnación total, pero que hace insostenible
una continuidad sin más de la política actual. Al no quedar
en un primer plano la posibilidad de una ruptura democrática, las élites
pueden intentar un cambio político en clave de recomposición para ganar tiempo
y margen de maniobra. Podemos encontrarnos ante un escenario en que el PP
sea capaz de sucederse a sí mismo al frente del gobierno, liderando un nuevo
rumbo político en que se reconozca implícitamente un fin de etapa. El pilar de la
nueva política estatal se asentaría en un cierre de filas ante una
situación de excepción, planteando la necesidad de una unidad nacional alegando
que en tales condiciones se podría afrontar la negociación ante la Troika y la
gestión del conflicto social. En el núcleo del
planteamiento estaría seguir evitando el fantasma del rescate a la griega y
apuntarse el tanto del relajamiento del ritmo de las políticas de ajuste.
Las conversaciones entre PP y PSOE a propósito de los desahucios,
las declaraciones de la CE en el sentido de
que no se exigirán nuevas medidas de ajuste al Reino de España y las del FMI en
el sentido de la necesidad de promover el crecimiento, muestran el camino de lo
que puede ser la nueva política. Esta pasaría por promover acuerdos sobre los
grandes temas políticos, incluso ofreciendo un pacto de gobierno de unidad nacional. El discurso se
articularía gracias a la complicidad de las grandes corporaciones
mediáticas, en una lógica en la que los partidos queden en un segundo plano y
aliviar los síntomas del sufrimiento provocado por las medidas de dumping
social. La derecha catalana se prestaría con toda probabilidad a
ofrecer tácitamente apoyo al programa para la restauración del
orden, mientras escenifica el desarrollo del conflicto nacional. Tal
política exigiría además recuperar el papel de interlocución social de las
organizaciones sindicales, a las que tratarían de atraer con concesiones
menores. Se trataría, en definitiva, de un giro lampedusiano para aparentar la
vigencia del pacto social mientras se protege una reestructuración del sector
privado, en la que juega un papel fundamental la privatización del activos
públicos.
¿Se
abrirá sobre la base de victorias parciales un periodo de consolidación de los
procesos de recomposición popular en marcha? ¿Será posible la articulación
nacional, estatal y europea de estos? La ruptura del pacto de clases de
posguerra es histórica y la única posibilidad de variar la correlación de
fuerzas en favor de las clases populares es vertebrando una alianza
rupturista que emerja de los procesos de movilización en marcha. Urge ver hasta
qué punto el plan anunciado por las centrales sindicales conecta con este
proyecto.
Luis Juberías y Edgar Manjarín
P.D. Estas notas son precipitadas y tiene lagunas, pero pensamos que era importante lanzarlo para el debate cuanto antes mejor. Por ejemplo hay una omisión en el tema de la represión, que sería uno de los pilares de la nueva política para quebrar la posibilidad de un proceso de ruptura democrática.
P.D. Estas notas son precipitadas y tiene lagunas, pero pensamos que era importante lanzarlo para el debate cuanto antes mejor. Por ejemplo hay una omisión en el tema de la represión, que sería uno de los pilares de la nueva política para quebrar la posibilidad de un proceso de ruptura democrática.
2 comentaris:
Esta salida lampedusiana del conflicto que plantea el artículo siempre ha estado ahí. De ahí la razón por la cual el PSOE no ha iniciado todavía un proceso de recomposición interna y de ruptura radical con el socialieberalismo, porque necesita presentarse ante la clsse dominante como un partido de orden, como uno de los dos pilares en que se asienta el régimen. Abrazos.
Y el proceso que han empezado los sindicatos llevará, en caso de éxito, a su reincorporación en las élites del poder. Comisiones Obreras y UGT no se pueden ignorar pero tampoco pueden ser la apuesta. Y aparte de la desconfianza personal que me generan está un aspecto numérico: yo me atrevería a decir que el 14N perdieron su hegemonía en Barcelona, a pesar del sobreesfuerzo que los medios están haciendo por ocultarlo.
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